21/02/2012

El 21-F que nunca quise




Hoy no es un 21 de febrero de lluvia eclipsada por los rayos del Sol. Hoy no vemos desfiles, ni vamos a ningún concierto. Hoy los niños no sonríen disfrazados por las grandes avenidas de la ciudad. Hoy Valencia está a punto de estallar, pero no por una emoción eléctrica contenida en el fondo de nuestro pecho. El centro de la ciudad es el escenario de una batalla vergonzosa entre policías violentos y adolescentes que empezaron una manifestación pacífica.

Hoy Valencia es un lugar repugnante. Hoy no he cogido el tren para llegar a las 16.30. Si lo cogiera, y bajara en la estación del Norte, y te esperara en la estatua con forma de llama, seguro que me detendrían como a alguna de esas chicas menores de edad a las que se han llevado sin motivo, sólo porque estaban esperando al bus o cruzando la calle delante del Lluís Vives. Hoy no cogeré ningún tren, ni me atreveré a cruzar en dirección al ayuntamiento. Hoy tengo miedo, igual que los padres de Adrián, el chico con la nariz rota que todavía está retenido mientras los medios de comunicación muestran cómo ayer la sangre le chorreaba por la cara.

Cantan los pájaros tímidos, suena la campana de la iglesia del pueblo. Los gatos están hechos un ovillo mientras duermen en sus casas. Iré al bar de abajo, hasta ahí puedo llegar. Es un día intranquilo, quiero ir al otro lado, quiero ir a la facultad. Mis heridas me piden que me quede, la operación está reciente y la fuerza se me acaba.

Quizá todavía esté dolida y no pueda ponerte la otra mejilla. Pero tú sabes que aún hay algo, sólo que no puedo hablar. Te busqué en todos, y ellos me lo echaron en cara. Viví en soledad, pero sólo estaba volviendo contigo. Te saludo desde la otra orilla, desde el dolor y la desesperación. Te saludo con un amor tan grande y hecho añicos que te alcanzará en todas partes.

En los días de vergüenza que se acercan, en las noches violentas de salvaje dolor, aunque tu promesa no cuente para nada, aún así, debes guardarla.

Imagen: J. Navarro



Ánimo y fuerza, Adrián. El amor duele casi siempre, pero hay otras cosas que hoy me duelen más.




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